martes, 26 de abril de 2016

“Un Regalo Inesperado”



Normalmente no me gustaba aceptar los regalos que llegaban de la casa de mi tía Romelinda, una mujer fría y sombría que vivía en una casona en las escarpadas montañas de San Antonio de los Altos, un lugar donde las vistas hermosas y el gélido clima transportaban a cualquiera a un mu8ndo entre la belleza y el misterio.

Resultaban extraños: una lámpara con la forma del torso de un esqueleto, un armario viejo con molduras de marfil, una cámara fotográfica de tripie, cuyas fotos hacían que los protagonistas salieran algo deformes o con sombras a su alrededor; aunque el más extraño hasta ahora fue el de un muñeco completamente negro que mi tía aseguraba que lo encontró en pedazos en un depósito de basura, el dueño del depósito la había convencido que ese extraño muñeco había enloquecido a un muchacho, conociendo a mi tía seguro se lo creyó fácilmente y decidió regalarlo, parecía algo sórdido, pero nada más.

Pero ya esto quedo eclipsado con este último regalo: un espejo enorme con un marco morado oscuro con unas molduras que me recordaban a los rostros algo deformes del teatro, mostrando emociones dicotómicas: alegre y triste, deprimido y eufórico, molesto y tranquilo, benévolo y malévolo; como ver un mosaico de sentires paralizados.

Mi madre decidió poner ese espejo en la sala de la casa a pocos metros de la puerta de salida, en esa visión típica de verse bien antes de salir. Era ella la única que le encontraba gusto a ese extraño espejo, la verdad era muy pocas las veces que me atrevía a mirarme en el, había algo que no en gustaba en absoluto, como si mi propio reflejo con su mirada vacía me mantuviese intranquilo, incluso más que el horrendo muñeco.

Aunque de un día a otro mi madre comenzó a actuar de forma extraña, paso de una mujer dulce y risueña a ser fría y distante, hasta el punto en que casi no salía de la casa, reduciendo su estadía a recorrer la casa sin rumbo fijo y haciendo los quehaceres casi do forma mecánica.

Trataba de abordarla, buscando la razón de ese cambio tan brusco de ánimo, pero me evadía diciendo que solo era un dolor de cabeza, que ya pasaría.

No sabía que creer, no sabía que pasaba, pero tenía el presentimiento de que había algo mas detrás de todo esto

Y no me equivocaba…

Ocasionalmente vi a mi madre arreglándose al frente del espejo y observe perplejo un humo negro que cubría de forma sutil su reflejo en el espejo, lo cual me hizo recordar una historia que me conto un amigo sobre un chamo como de mi edad que tuvo un raro incidente con un espejo, que incluso trato de matar a una pareja en una fiesta y que después de eso no supieron mas de él, ¿Acaso mi madre estaría pasando por un caso similar?, al retirarse de allí, me acerque al espejo, no parecía tener nada raro apartando los fríos rostros, mi reflejo se veía normal ¿Acaso imagine todo? A lo mejor estaba predispuesto por conocer los curiosos gustos de mi tía, solo debía relajarme y buscar otra razón para la actitud de mi madre.

Decidí encerrarme en mi cuarto y escuchar música para pasar el tiempo, olvidar un rato los problemas, cuando sentí que golpeaban la puerta del cuarto de forma insistente.

-Arturo

Supe por la voz que era mi madre, aunque tenía la voz un poco ronca, como si hubiese gritado mucho; me disponía a abrir cuando de repente tuve el presentimiento de que algo no estaba bien.

Nuevamente golpeo la puerta, ahora con más fuerza, entonces escuche como poco a poco se alejaba, lo cual me fue tranquilizando momentáneamente, hasta que sentí que se acercaba otra vez y escuche un violento golpe contra mi puerta, que se fue repitiendo varias veces hasta que un fragmento de madera voló por los aires y observe a través de aquel hoyo como mi madre, con una mandarria llena de clavos, me observaba con una sonrisa casi psicópata y con un aire de rabia que no parecía humana, de repente se asomo por aquella rendija con sus ojos rojizos y brotados

-Aquí estoy, por que tan asustado

Acto seguido siguió golpeando la puerta hasta que finalmente cedió, caí al piso al verla entrar con una expresión sacada de toda cordura, me veía como un animal observando a su presa antes de asestar el golpe final

-Mama detente ¿¡Por qué haces esto?!

-Solo soy un reflejo de lo que siempre quise ser


Les diré que el caso se llevo hasta las últimas consecuencias, su madre tras las rejas no tuvo descanso ni ella… ni eso…


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