martes, 26 de abril de 2016

No estaré sola

Si hay algo en esta vida que conozco bien es cuando en dos personas florece un amor digno de las historias más antiguas o los romances más significativos escritos por los artistas más dedicados de la literatura; sé que muchos pensaran que aquello es el delirio sentimental de un escritor que aun cree en fantasías anacrónicas, pero les aseguro que aun en este mundo árido de amor existió un romance como nadie vio en este mundo, y digo existió porque, a diferencia de su vivencia amorosa, el final de dicha relación no tuvo absolutamente nada de encantador, pero eso lo veremos más tarde, ahora les hablare más tarde, primero hablaremos del botón que quería florecer.

Yo conocí a Stefano desde muy joven, un muchacho con una inventiva sin precedentes, agradable, dicharachero y un gran amigo; era imposible estar triste o molesto teniéndolo al lado o en grupo, era como un aura extraña pero que sabían apreciar cualquiera que viera en él una gran amistad.

No cabe la menor duda de que esa actitud fue lo que llamo la atención de una muchacha, de nombre Camila, que vivía a dos cuadras de su casa, pero que ocasionalmente veía cuando iba a una tienda de helados donde él trabajaba; no era de mucho hablar y su modo de vestir era algo bohemio pero era fácil notar en la mirada furtiva que destilaba como miel silvestre hacia su amado secreto, que tarde o temprano se daría algún encuentro, claro que ella tenía sus dudas: veía que trataba dulcemente a sus clientas y amigas, que tal si un coqueteo que saliera de sus labios solo era otro mas que le decía a cualquiera, aunque ella no era cualquiera y se lo iba a demostrar.

Agarro valor suficiente un día y, al pedir un helado con él, esperando que saliera un ratito del trabajo; curiosamente Stefano acepto, preparo un gran helado y se fueron a una de las mesas, dejando a una compañera en la caja.

Camila sudaba copiosamente y sus palabras se volvían añicos con solo abrir la boca, el muchacho, el dulce muchacho que veía casi a diario, al cual ahorraba de su trabajo en una modesta librería para comprar los helados y poder sentarse a disfrutar de su presencia más que del propio helado; sin embargo no era momento de vacilar, el muchacho estaba allí sentado al frente suyo, con una dulce mirada y degustando el primer bocado de aquel enorme helado, debía decir algo o solo sería una loca que quiso sustraerlo del trabajo

-Gra… gracias por atender mi… mi cita, me llamo Ca… Camila y tu co… com…

-Me llamo Stefano, tranquila más bien me extrañaba que no hayas hecho la cita antes

-Ehhhh??? ¿Por qué dices eso?

-Yo te había visto antes, veía como se derretía el helado que comprabas mientras me observabas en la caja, créeme que gastar tanto en un helado para que luego no te lo comieras era raro, sabía que venias por algo mas

-Ese algo mas eres tu- dijo de forma precipitada al mismo tiempo que se tapaba la boca

-Jejeje

-Disculpa, se me escapo

-Al menos eres sincera, eso me gusta, espero que la próxima vez podamos compartir otro helado o quizás te invito a algún lugar

-En serio- decía sin poder ocultar su emoción

-Vamos a ver qué sucede, tienes algo que llama mucho mi atención

-Así será

Quién diría que de un hecho tan improvisado saldría un amor digno de una novela, no se trataba solamente de una pareja que decidió juntarse después de un encuentro furtivo, realmente era un amor que parecía sacado de lo irreal, creía en la teoría de los opuestos: un muchacho extrovertido lleno de luz y una muchacha callada y reservada, pero que al estar juntos se veían irreales, surreales, ella se le veía muy feliz a su lado y el, aunque parecía “sobrado” en la relación, terminó enamorándose perdidamente de ella y compartían la vida como almas unidas por algo más que el destino

Pero no todo podía ser tan bueno

A pesar de su profeso amor, Stefano tenía una elocuencia tan envolvente que más de una muchacha trataba de acercarse a él, antes de conocer a Camila y durante su relación, Camila podía ser muy introvertida, pero cuando la atacaban los celos era casi irreconocible, aun cuando fueran las muchachas y no Stefano quien le diera razones; a pesar de ello, siempre lograba calmarla, no podía evitarlo, estaba increíblemente enamorada de el, lo quería, lo deseaba… lo sentía solo suyo y de nadie mas.

Sin embargo los celos eran un detonante recurrente, las muchachas hacían todo lo posible para separarlos, pero no lo podían lograr, pero entre ellas salió una muchacha, bastante particular a nivel mental, se llamaba Rosa, que pensó en un plan tan desquiciado y obsesivo que podría tener algún resultado efectivo.

Sabia la hora exacta en que salía de su trabajo, ya lo había seguido previamente, el plan está listo.

Rosa condujo su auto hasta una calle ciega a una cuadra de la heladería, un lugar apartado donde nadie podría verla.

Stefano paso frente a la calle ciega y Rosa apareció de repente, le puso un paño con sedantes en la cara y lo metió en su coche, el juego había comenzado.

Lo llevo a su casa, lo desnudo completamente y lo coloco en su cama; aprovechando para violarlo mientras estaba bajo los efectos de la droga y también tomaba fotos de la situación en diversas poses para que diera la impresión que era un acto mutuo. Paso una hora, Rosa decidió dejarlo en el jardín de su casa e irse; ya estaba consumada la bola de nieve, ahora solo falta dejarla rodar por la ladera.

Camila estaba ocupada en su computadora revisando un correo y terminando algunas tareas, cuando un mensaje anónimo con varias imágenes le llego a su cuenta, no parecía venir de alguien conocido, pero la curiosidad era insaciable, así que abrió las fotos… no estaba molesta, aquel mensaje no la perturbo en absoluto, después de todo, Stefano era solo para ella…

Paso una semana que ninguno de los dos se veía, Stefano seguía intrigado por el día que despertó acostado en el jardín de su casa sin recordar absolutamente nada de aquel día; por lo que Camila decide llamarlo para salir a pasear, ya que le dice que la semana había sido muy agotadora y quería salir a distraerse un rato; Stefano acepto y ella le dijo que lo esperara en la entrada de la Quinta José Manuel Alcántara, una vieja casona abandonada que quedaba a 3 cuadras de la casa de Camila, ya que quería mostrarle algo muy curioso que había descubierto en dicho lugar.

Stefano tardo media hora en llegar, al ver que la puerta estaba abierta decidió pasar y, al voltear a la Estancia, estaba Camila parada al frente de un mesón con un atuendo muy curioso: una blusa negra con la estampa de una serpiente, una falda negra relativamente corta, unas pantis de rayas negras y rojas y unos zapatos converse morados, apartando eso su cabello, maquillaje y uñas estaban impecablemente arreglados; al sentir su presencia, Camila se volteo, se acerco y lo beso

-Vaya amor, llegaste rápido

-Me iba a encontrar contigo preciosa, no podía esperar menos 

-Que bueno, eso quiere decir que me amas ¿Cuánto me amas?

-De aquí hasta que se apaguen el sol y todas las estrellas del firmamento

-Awwwww que bello eres amor, por eso es que te amo, ya estoy lista, podrías pasarme las fotos que están en el mesón

-Vale princesa

Stefano camino tranquilamente hacia el mesón en el centro de la Estancia y, al agarrar las fotos las contemplo completamente horrorizado ¡Eran las fotos que le tomo Rosa!

Camila se acerco lentamente por detrás y acerco sus labios a su oído

-Ya las viste

-Eh… ehh… pero… pero… que es… no entiendo… yo te… te juro que…

-Tranquilo, no tienes nada que decirme- mientras decía esto inyecto un liquido verdusco en su hombro con una jeringa- sé que me amas y estaremos juntos para siempre, sin importar nada ni nadie

-Ca… Camila- dijo Stefano antes de caer al piso completamente inconsciente.

Al despertar se encuentra encadenado a la pared de un cuarto sucio y polvoriento, al mismo tiempo que siente que está cubierto por un líquido con un olor muy fuerte; mas lejos, sentada en un taburete, estaba Camila observándolo con expectativa, con un mechero y un bidón de gasolina

-Vaya, despertaste amor, temía que te hubiese dado una dosis muy alta

-Ca… Camila pero qué demonios estás haciendo

-Lo siento amor pero esto que estoy haciendo es necesario, no podemos seguir amándonos en este lugar, existe mucha gente- mientras decía esto señalaba al techo y allí estaban las fotos terribles del encuentro forzoso colgando con unos delicados hilos de nylon del techo- que trata de perturbar nuestro amor y eso es algo que no podemos permitirnos

-Pero, no entiendes querida, no fue culpa mía, seguramente alguien me tendió una trampa, por favor desátame antes que cometas una locura

-Tranquilo amor, sé que no es tu culpa- decía mientras se acercaba sosteniendo el mechero y el bidón, observaba todo con una tranquilidad muy perturbadora- pero he comprendido algo: mientras estemos aquí nadie te dejara tranquilo y no puedo pensar que alguien mas trate de estar contigo, eres mío entiéndelo MIO

-Estás loca, además si lo que quieres es que no nos molesten vámonos a otra ciudad

-ES QUE NO LO ENTIENDES ACASO, NADIE VA A DEJARNOS TRANQUILO, ASI COMO OCURRIO ESO PUEDE VOLVER A PASAR, NO IMPORTA A DONDE VAYAMOS, así que solo nos queda una alternativa- decía mientras vaciaba el bidón encima de ella con frenesí- nos amaremos en el otro mundo querido, allí nunca estaré sola, siempre te tendré para mi

-No espera, por favor no hagas esto, no puedes pensar si quiera en hacerlo, es una locura, deba haber otra forma, no quiero, no quiero, NO QUIERO

-Tranquilo amor, cuando estemos allá nada ni nadie nos separara, esto será algo hermoso, una llama que brillara para todos como una hoguera encendida en nuestros corazones, una llama que perdurara mas allá de nuestra muerte- decía, al mismo tiempo que encendía el mechero en frente del muchacho- vamos con un beso a darle luz a la llama de nuestro amor

-AHHHWHWHHWHWHWHWHWHWH

Se besaron en la llama y la llama creció muy grande, tan grande como el amor que se profesaban, una autentica hoguera que no podría pasar inadvertida bajo ninguna circunstancia.


Se preguntaran como se todo esto, apartando el hecho de que por las noticias salió el incendio que se produjo en la quinta y el hecho de que encontraron dos cuerpos carbonizados, también conocía a Rosa tanto como conocía a Stefano, ella me contó de su plan, aunque al principio pensé que era una broma, pero me di cuenta que no lo era, la seguí en su hazaña pero no podía detenerla; bueno en realidad no quería; Stefano no merecía vivir, no merecía a Camila y la muy tonta se fue con él, no creí que esto pasaría, así no era el plan, ella debía quedarse con el y yo, su gran amigo, debía quedarme con Camila, pero ya es imposible, si encuentran este escrito sabrán que ya nada importa en mi vida, ella se fue con mi vida y solo quedo este pobre cuerpo, así que es hora de encontrarme con ella, por favor limpien las paredes cuando me encuentren, no queremos que su próximo dueño se lleve un susto, voy por ti, Camila.


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