Hay dos cosas muy
diferentes en lo que al sentimiento de repelús se refiere: una cosa es sentir
miedo y otra muy diferente es sentir asco, ya que el miedo dispara nuestros más
bajos instintos mentales, mientras que el asco sencillamente te hace pasar un
mal rato, sin ahondar más allá de un simple momento desagradable.
No debemos confundir estas dos cosas, ya que de una no pasaremos de un mal rato, mientras que la otra más temprano que tarde nos producirá una caída sin retorno al foso de la demencia.
Trepando pacientemente llega nuestra querida amiga, oscura, pequeña, de 8 patas y con la habilidad de envejecer cualquier lugar donde decide hacer su hogar.
Veamos que sucederá en esta oportunidad y que tan profundo puede callar el miedo en nosotros mismos.
Angélica era una muchacha
que desde cualquier punto de vista tenía un aura encantadora, era el tipo de
persona que no pasaba desapercibida, ya sea por su carisma, su hermosura o su
capacidad para sacar una sonrisa hasta al más depresivo.
Ella tenía la danza como un hobbies y cada tarde iba a la academia de danza interpretativa "Lady Cloverfield", ubicada a 3 cuadras de su casa en El Paraíso, por lo que podía quedarse hasta muy tarde sin problemas. La pasión y entrega que Angélica daba en el fino arte no solo la contagiaba de felicidad, sino que motivaba a todas las demás compañeras a mejorar en su arte prodigioso.
Claro que al quedarse muy tarde normalmente quedaba sola, teniendo al portero como única compañía y al tanto del momento en que ella saliera para poder cerrar la academia.
Angélica dedicaba las últimas horas perfeccionando pasos y teniendo tropezones ocasionales que ocurrían mientras intentaba hacer pasos cada vez más difíciles. En uno de esos tropiezos cayó en una vieja utilería usada en las presentaciones, que tenia sin usarse por 4 años; por lo que el polvo y las telarañas la cubrían casi por completo.
Al levantarse entre chatarra vieja y madera carcomida se dio cuenta de que algo caminaba por su pierna, algo peludo, pequeño y horrido
-Ahhhhhhhhh- grito la muchacha al darse cuenta de que aquel animal que subía por su pierna era una araña grande y peluda que se deslizó de entre la utilería y se poso en ella al caer entre los corroídos cachivaches.
La muchacha se sacudió rápidamente y la araña cayó cerca de un bolso que había tirado al llegar al ensayo. Angélica sintió una ansiedad espantosa, el solo pensar que aquel animal estuvo caminando lentamente por su pierna le erizaba la piel y le hacía sacudirse violentamente la zona donde aquel horrible bicharraco se deslizó.
Trato de calmarse, aunque allá tenido esa experiencia tan horrible era solo una pequeña araña, que ya se había perdido de su vista y que no le causó ningún daño.
Angélica decidió agarrar su bolso e irse rápidamente, total ya era bastante tarde y había practicado mucho sus pasos; salió del salón, llamó al portero para cerrar la academia y se fue a su casa.
Que lastima que no reviso
su bolso
Al llegar a su casa saludó
a su madre y su hermana y se fue a su cuarto, cambiándose de su traje para
estar más cómoda y encendiendo su laptop para terminar unas tareas de la
universidad.
Lanzó el bolso en su cama y lo abrió sacando un cuaderno para saber qué actividades quedaron postergadas, ya que sabía que tendría una jornada intensiva de baile las próximas 2 semanas debido a que tendrían una presentación en un prestigioso teatro de la capital.
Dejar el bolso abierto fue un grave error, si tan solo supiera lo que allí se encontraba; no sabía en lo más mínimo que aquella araña que se sacudió de su pierna, se incorporo rápidamente y se metió en su bolso buscando escapar de esa situación.
Lanzó el bolso en su cama y lo abrió sacando un cuaderno para saber qué actividades quedaron postergadas, ya que sabía que tendría una jornada intensiva de baile las próximas 2 semanas debido a que tendrían una presentación en un prestigioso teatro de la capital.
Dejar el bolso abierto fue un grave error, si tan solo supiera lo que allí se encontraba; no sabía en lo más mínimo que aquella araña que se sacudió de su pierna, se incorporo rápidamente y se metió en su bolso buscando escapar de esa situación.
Mientras revisaba sus deberes, aquella araña salió lentamente del bolso, sin saber en donde se encontraba, solo observaba con sus ojos rojos y brillantes a aquella muchacha sentada en la cama ocupándose de sus cosas, por lo que era difícil que se percatara de su presencia.
Aquí tengo que decir que aquella araña tenía algo muy particular: estaba embarazada, o bueno; no exactamente, tenía sus hijos en su abdomen, pero ya estaban desarrollándose y lentamente consumían a su madre llegando al punto que esta cedió y se convirtió en un cascaron biológico, listo para romperse en cualquier momento.
La muchacha, una vez culminada su tarea, cerró su laptop y se dispuso a dormir, sin sospechar si quiera aquel bulbo arácnido que podía estallar en cualquier momento.
Finalmente el cuerpo se rompió, soltando a aquellas pequeñas arañas como si de un frenesí de pirañas se tratara, caminaron directamente al cuerpo de Angélica, que yacía dormida por todo lo sucedido en el día; subieron por sus piernas, su vientre, su pecho y su cara, penetrando en cualquier orificio que su anatomía les brindaba. Aquellos animales, aunque habían consumido a su madre necesitaban comer más, ya que el metabolismo de las arañas recién nacidas era muy acelerado, por lo que vieron en el interior de su cuerpo el alimento idóneo.
Angélica, tal vez motivado a una pesadilla que tuvo, se despertó súbitamente, dándose cuenta casi de inmediato de algo horrible: decenas de arañas se movían por su cuerpo y se metían en su boca, nariz y partes íntimas. Ella se asusto mucho, la histeria la hacía correr, tropezar e inclusive convulsionar; pero ya nada podía hacer: aunque pudo sacudirse las arañas que tenía encima, ya muchas se encontraban escalando, transitando y carcomiendo lentamente dentro de su organismo.
Fue llevada rápidamente al hospital, en un infructuoso intento de frenar las acciones de esos animalitos pero fue en vano, ya habían alcanzado sus órganos vitales, lentamente mordían, arrancaban y succionaban músculos, nervios, tejidos e inclusive los huesos, por lo que su vida se disipo en un par de horas, quedando en un estado parecido al de la madre de las arañas: un bulbo orgánico e carne que sirvió de alimento a aquellos bicharracos.
Que esto sirva de lección para aquellos que subestiman a estas criaturas, creyendo que su tamaño las limita para ser en verdad seres de terror.
La próxima vez que veas una araña, piensa que podría albergar muchas crías y esas crías buscan a alguien para subsistir, que en algún momento reventaran el abdomen de su madre y buscaran desesperadamente alimento para vivir
Yo
que tu correría, no vaya a ser que se antoje del tuyo...
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