martes, 26 de abril de 2016

Arriba del armario

Era un día normal, a pesar de que había comenzado con una ligera llovizna que prometía acompañarme durante todo el día, cuando volvía nuevamente a clases después de unas merecidas vacaciones para comenzar el próximo semestre, asegurándome de que tendría varios éxitos en cuanto a lo audiovisual se refiere, solo necesitaba crear un guion atractivo y novedoso, algo que no se haya visto, pero no hallaba aquello que pudiera darme una idea efectiva.

Pase durante todo el día pensando en esa idea que esperaba casi de manera onírica que apareciera ante mí para traerla a nuestro mundo y que abandonara la sombría abstracción de mis pensamientos, , veía si la historia de un amigo que juro que su perro había estado poseído por un demonio, pero creo que ya había visto en algún libro, por lo que la olvide por lo poco original que era. Pase el mediodía pensando, por lo que el almuerzo lo sentí casi insípido ante la concentración que tenia por este proyecto, aunque decidí dejarlo y pensar al día siguiente, igual el semestre apenas estaba surgiendo y tendría mucho tiempo para agarrar destrezas y vislumbrar aquel ambicioso pero entretenido proyecto.

Regrese a mi casa algo cansado por el amasijo de tareas que nos dieron de forma tan prematura, buscando mi cama casi de forma platónica, cuando mi abuela me llama desde su cuarto para que la ayude a acomodar unos corotos que tenia regados allí; sentí cuando me llamo un rápido pero fulminante escalofrió que me recorrió de pies a cabeza; la razón, aunque parezca absurda, tenía en mi mente una fuerza increíble: en aquel cuarto moraba algo que me mantenía muy intranquilo, quieto, en actitud prepotente sin tener la mas mínima intención, yacía arriba del viejo armario que tenía en nuestra familia desde hacía varias generaciones un horrible muñeco negro de plástico con una ropa infantil un poco desgastada, relativamente grande y con unos ojos rojos hundidos y agrietados que acentuaban enormemente la tétrica apariencia que tenia aquel juguete.

A pesar de todo esto, todos en la familia lo veían como un juguete normal, decían que lo tenían desde hace mucho tiempo, era de una familia cuyo hijo termino en un manicomio a raíz de una fiesta, una historia algo rara, aunque dudo que fuese más raro que este juguete que cada vez que en acercaba si quiera al cuarto me daba un intenso escalofrió.

Entre al cuarto evadiendo de cualquier forma mirar a aquel muñeco, lo cual llamo inmediatamente la atención de mi abuela

-Que te pasa, porque entras así

-Yo, eh, por nada

-Estas raro, te paso algo

-No vale para nada, necesitabas algo

-Ah vale, necesito que me ayudes a bajar unas cajas del armario, tengo que buscar unos documentos para llevarlos a unos trámites para una tarjeta

Aquella petición se sintió como un balde de agua fría, tendría que confrontar cara a cara a aquel muñeco para poder bajar aquellas cajas que, para rematar, estaba justo debajo de el.

Me acerque con mucha cautela al lugar y me subí al copete de la cama para poder acceder a las cajas, fue entonces cuando lo vi allí sentado con su mirada fría y rota y su presencia que me producía una incomodidad indescriptible, lo cual se sumaba al hecho de que para agarrar las cajas tendría que levantar al juguete. Acerque mi mano lentamente, como si fuera a levantar excremento, lo agarre por el cuello y saque las cajas, no podía dejar de sentir un persistente escalofrió mientras lo sujetaba, mientras poseí por unos momentos aquel frio cuello de plástico.

Saque las cajas y puse al muñeco otra vez en su lugar, me disponía a bajar cuando, seguramente por ponerlo en desnivel, el juguete se deslizo por el escaparate y me cayó encima, en ese momento reaccione violentamente, lance las cajas de un lado a otro y me contorsione en la cama mientras mi abuela observaba aterrada aquella extraña situación

-Muchacho pero que te pasa, que te sucede- decía bastante asustada

Busque reaccionar en medio de mi desesperación, aparte al muñeco, y me lance al piso, tratando de tranquilizarme, para luego levantarme y, aun con un profundo nerviosismo dentro de mí, trataba de retomar la compostura aunque era obvio que después de aquella escena no es tan fácil disimular

-Ah ya estoy bien abuela, tranquila

-Pero que te paso, parecía que te hubiese dado un ataque, como si fueras a morir

-Ah… es que… vi que me cayo una araña y sabes que les tengo mucho miedo, esas criaturas pueden dejar sus huevos dentro de uno y te comen desde adentro, la verdad no le deseo esa situación a nadie

-Me parece que exageraste mucho

-Cuando se me mete una idea soy… así, que le puedo decir

-Pues por tus vainas casi me destrozas las cajas, recógelas

Recogí las cajas y las puse en la cama, buscando la salida rápidamente de allí

-No se te olvida algo

Sabía a lo que se refería, aunque buscaba que se le olvidara, me regrese, agarre al juguete y lo puse de nuevo en su sitio, en un debate interno sobre la repulsión que sentía por aquel juguete.

Me fui a la sala y prendí el televisor, tratando de olvidar tan perturbador momento, cuando llego m i hermana, se sentó a mi lado y decidió ver la televisión conmigo, aunque no tarde en aburrirse, por lo que se fue, arguyendo que iba a buscar unos juguetes y ya venía.

-Abuela, pásame el muñeco que está arriba del escaparate

Pude llegar a escuchar esto, por lo que no evitaba pensar en lo que vendría después, aunque no tenía una excusa para irme, mi hermana querría que jugara con ella y tampoco la iba a rechazar así de la nada.

La vi acercarse con aquel plástico humanoide hacia el mueble, lo sentó justo a mi lado, para luego hacer ademanes como si fuera su bebe, buscaba ignorarlo viendo televisión, sin evitar un ocasional escalofrió pasar por mi cuerpo

-No quieres jugar conmigo

Me voltee a ver a mi hermana, aunque la voz se escucho rara, roca y hasta lejana como si de un eco se tratara, ella era la única allí así que la increpe ante esa pregunta, a lo que me dijo que no le había preguntado nada, lo que me extraño enormemente, tal vez aun mi mente esta convulsa por el suceso anterior y había imaginado toda la situación como un remanente de aquella situación

-No me gusto para nada aquella caída

Esta vez me voltee hacia donde estaba mi hermana, la cual seguía jugando con esa cosa, la increpe diciendo que si había escuchado esa voz, a lo cual me negó con la cabeza, mirando extrañada; después de esto no evite estar visiblemente nervioso, solo trate de seguir viendo la televisión y actuar como si nada hubiese ocurrido, sin olvidar aquel muñeco con el que mi hermana tan divertida jugaba.

-Nos vemos esta noche, amigo

Esta vez no hice ningún miramiento en absoluto, sencillamente salí corriendo rápidamente de allí y me encerré en mi cuarto, ante la mirada impávida de mi hermana quien seguía dándole vida en su mente a aquella figura plástica; en todo el día me quede allí encerrado, buscando salir solamente a la hora de comer y cuando ocasionalmente tenía que ir al baño, esperando con desesperación el momento que esa voz dijo que estaría en mi encuentro.

Por fin se hizo de noche y trate de hacer de todo para olvidar aquella situación y poder descansar tranquilo: me di una ducha tibia, beber un te relajante, acomode mi cuarto profundamente y me asegure de cerrar muy bien mi cuarto para tranquilizarme lo mayor posible, aunque sabía que las últimas palabras escuchadas retumbarían mi cabeza durante toda la noche.

Decidí acostarme y apagar las luces, ya todos en la casa dormían y yo, después de haber visto un poco de televisión para distraerme me dispuse a dormir. No había pasado ni media hora cuando sentí un peso que había aparecido de la nada a los pies de mi cama, sentía como torpemente se comenzaba a deslizar hacia arriba, como buscando estar frente a frente con mi rostro mientras dormía con todas las luces de la casa apagadas, llego un momento en que sentí que aquella presencia la tenia justo en frente de mi rostro, la penumbra total me impedía ver claramente a aquella presencia, saque mi teléfono, encendí la pequeña linterna que tenia incrustada en la parte delantera, la encendí y cuando la dirigí lenta pero sigilosamente hacia aquella presencia, casi me quede paralizado del terror: era él… el mismo que había visto en la tarde, el mismo que mi hermana había tenido entre sus brazos… era el muñeco, aquel horrible y endemoniado juguete de plástico se posaba justo a pocos centímetros de mi cara, observándome fríamente con unos ojos rojizos y hundidos de aquellos que se observan de los cadáveres que ya han agotado hasta su última gota de vida, el muñeco levanto sus brazos como si fuera un tétrico robot y aferrándose de manera violenta en mis hombros, exclamo con una voz ronca que parecía salida del eco mas sórdido de un viejo altavoz electrónico:

-Ahora te acompañare por siempre, ajjajjajajajjajajjajajajjajajjajaja

Solo un triste despojo de persona fue encontrado la mañana siguiente, los familiares estaban desconcertados, no encontraban una explicación para aquella situación en la que su hijo o nieto había descendido a una pasiva pero muy marcada locura, solo vieron al extraño muñeco abrazado a él, horrorizada, la madre agarra aquel muñeco, lo rompe en pedazos, argumentando de manera casi lucida que aquel despojo tenía la culpa de todo, metió cada pedazo en bolsas negras y los mando a la basura, pero esto no soluciono nada, su hijo ya estaba en un estado deplorable, la locura lo había invadido, y pensar que todo había comenzado por mirar…


Arriba del Armario…


No hay comentarios:

Publicar un comentario