viernes, 15 de abril de 2016

Cantar al compás de una caverna

Cabeceando lentamente mientras entro a las entrañas de este oscuro mundo, pienso en todo lo que me trajo a este infame lugar: la espiral que se formó a mi alrededor es comparable a un enorme huracán, como el que convirtió en ruinas la prospera ciudad de Nueva Orleans; no es fácil asumir que todo lo que ha ocurrido no es una cruenta pesadilla y solo debo clavar un alfiler en mi mano para despertar, lamentablemente es solo una salida de mi mente ante todo este infierno que se coló desde cosas que debían ser insignificantes, ver a mi familia resquebrajarse lentamente entre peleas, discusiones y malentendidos, ver a tanta gente en quien confié afilando sus puñales invisibles y luego solos con un sutil desdén cuando el apoyo era lo mas necesario, sentir con impotencia como mis hermanos se fueron del hogar en extrañas circunstancias a vivir en un lugar indeseable pero que idealizaban bajo un velo espectral; y, como si la vida aun no terminara de hacerme padecer penurias, las manos que ahorita escriben estas palabras fueron las mismas que en un pasado acariciaron con delicadeza la vida y de un momento a otro resulto abofeteada y ultrajada al traicionar la pureza y candidez de una vida que en sus 18 años de gestación se sintió abortada por las malas decisiones que unas copas de alcohol y una mala noche en el poker producir en su inútil nacimiento forzoso.

Ahora camino lentamente en la caverna hasta que la oscuridad cubre completamente mi ser, hablo y mi voz rebota pero de forma ronca y amenazante, como si el eco fuera ese cruel alter ego que me llevo a todo esto; seguía caminando hasta que encontré mi objetivo: un poso termal, humeando sin cesar, fácilmente tendría 200 °C en sus aguas en constante ebullición y serviría perfectamente para mi objetivo.

Lentamente alze mi pierna hasta que estuve sobre dicho poso, no sin antes pensar en todo el huracán que me rodeaba y que la policía no tardaría en encontrarme por todo lo ocurrido.

En ese momento escuche la sirena de la policía, por lo que decidí dar el paso necesario, sintiendo un beso gélido entre tanto calor y como poco a poco una luz se encendía frente a mí y solo me resta cruzar ese umbral y ver el destino que me esperaba al otro lado

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