martes, 26 de abril de 2016

Muerte Verde

No es posible describir con palabras esta masacre, se escapa de cualquier raciocinio, pero increíblemente es real y odio admitir que forme parte de esta pesadilla.

Soy inmune, al menos en el caso del maíz, pero en estos momentos desearía no serlo, no vale la pena vivir en un mundo así, mucho menos sobrevivir afuera de estas paredes de metal.

Esta locura comenzó hace 3 años, cuando la compañía de químicos destinados a la agricultura, ArtSaint, el cual tenía distintas denuncias a nivel mundial por casos de contaminación a gran escala en bosques y masas de agua, aunque con cuantiosos sobornos y cortes corruptas, esas situaciones pasaron por debajo de la mesa; esta compañía creo en nuestro país un nuevo fertilizante especial que libraría las cosechas de plagas y hongos vegetales, haciendo los alimentos mucho más limpios; no conocía mucho de eso, solo era un gerente en el área de recursos humanos de la empresa, aunque me di cuenta de que algo malo está pasando, ya que me llegaron diversos informes de despidos por parte de los científicos de la empresa, los cuales al llegar a las oficinas se mostraban muy molestos diciendo que el nuevo fertilizante tenia fallas muy graves y que sería peligroso su uso en las cosechas, aunque el bajo costo de su producción la hacía rentable, sin importar las consecuencias; eso me puso tenso, pero mejor me quedaba callado, necesitaba el empleo y en estos momentos no me conviene estar en la calle sin hacer nada.

La fecha de la primera prueba fue en un plantío en las afueras de Guanare, cada dirección fue invitada a la prueba que era publicitada como un “producto innovador de alcance mundial” por lo que el resultado de dicha cosecha marcaria un antes y un después en la empresa. Una aeronave roció los plantíos, acompañado de los aplausos de la junta directiva y los empleados presentes, para luego organizar una fiesta por el éxito del producto, para luego organizar una fiesta esperando el éxito de la formula. Aunque seguía pensando en las advertencias de los científicos despedidos.

Ya han pasado dos meses desde que fue aplicado el producto en las plantaciones y nos informaron que seriamos enviados en una comisión para evaluar el desempeño del químico; aunque me preocupa las recientes noticias que han salido de muertes en extrañas circunstancias por parte de los trabajadores de la plantación. Tardamos 4 horas en llegar y cuando nos recibió el dueño de la finca, quien nos dijo muy alterado que cosas extrañas ocurrían desde que aplicamos el fertilizante y que varios de sus empleados habían muerto sin conocer la razón; eso aumento mi preocupación, pero los empleados no le prestaron atención y nos fuimos a la cosecha.

A primera vista, vimos un detalle muy particular: en la cosecha, que era de maíz y papa, tenían un extraño color morado, además que los tallos y hojas eran anormalmente grandes, sin embargo nos pareció que esto, mas allá de ser un problema, podría traer problemas nutricionales.

Que idiota fui al pensar eso.

Uno de los acompañantes saco una de las tuzas de maíz tierno para probar si su consumo era apto; lo mordió y dijo percibir un sabor curioso, como a metal, aunque eso no evito que lo devorara con avidez; lo mismo hicimos todos, aun con el riesgo de no saber lo que produciría la cosecha en nuestro organismo.

Llevamos varios ejemplares de la cosecha y nos regresamos a Caracas; tratando de que los resultados del nuevo fertilizante fueran positivos, tanto en los informes como en las pruebas practicas.

Al llegar a la ciudad, noto en mis compañeros algo raros, sus caras tenían unas pústulas rojizas y su comportamiento era un poco errático, aunque pensé que era el cansancio del camino.

Subimos hasta la oficina con las muestras, mi compañero parecía empeorar en su estado, pero trataba de tranquilizarse para no molestar o incomodar a los jefes. En la oficina dimos nuestros testimonios y trajimos las muestras, las cuales vieron con incredulidad por su aspecto, además de los informes correspondientes.

Mientras exponía mi experiencia, uno de mis compañeros comienza a convulsionar violentamente para luego levantarse tranquilamente, caminar hacia una de las ventanas de las oficinas y lanzarse estrepitosamente hacia la calle, estando en un séptimo piso.

Todos nos quedamos pasmados por la situación, aunque veríamos empeoraría cuando mis otros compañeros comenzaban a suicidarse de formas horribles, como clavando repentinamente un bolígrafo en sus ojos y cuello, otro estrello su cara contra una fotocopiadora, incrustándose los cristales en su rostro, otro golpeaba su cabeza contra la mesa de juntas hasta que sus fosas sangraron fuertemente; aquello era una escena infernal y todos salimos corriendo de allí.

Decidí irme a mi casa y fingir que nada sucedió, me quedaría allí unos días para asimilar lo ocurrido.

Dos días después ocurrió el horror.

Resulta que la cosecha, al estar ya lista, fue repartida entre importantes distribuidoras y comercializadoras que la masificaron a todo el país, llevando las papas y el maíz alterado a todas las fruterías y supermercados más importantes del país.

Solo tardo dos días más para que casos como los vividos en las oficinas de la empresa se volvieran en decenas y centenares, todos con la misma situación: suicidios horribles, inexplicables y repentinos.

En una semana la situación se catalogo como pandemia e hicieron un cerco epidemiológico muy estricto al país, nadie puede entrar ni salir, además que la empresa se desmorono y casi todos los integrantes fueron encarcelados al salir a luz informes de los científicos disidentes explicando la razón de la pandemia:

Resulta que el fertilizante contenía huevas alterados genéticamente de los parásitos dicrocoelum, una especie que tiene la curiosa habilidad de infectar el cerebro de insectos y pequeños animales, y les controlan a voluntad para hacerlos suicidarse, ya que dicho parasito solo come carne descompuesta; esto fue hecho así con el objetivo de que las plagas fueran infectados y mermaran por si mismos; sin embargo, ocurrió algo inesperado: los huevos infectaron a las plantas, pero en vez de ser una relación parasitaria, era simbiótica; los parásitos obtenían su alimento y las plantas obtenían un propósito ¿Cuál propósito? Pues resulta que las huevas llegaron hemicelio, o sea el cerebro de la planta, hicieron “contacto” y en ese contacto surgía una verdad inesperada; las plantas buscaban el fin de la humanidad, lo consideraban la plaga mayor, ya que consumían y asesinaban a su especie a niveles alarmantes en todo el mundo, querían encontrar alguna forma de hacerles frente y en ese contacto surgió la manera, la cual daría fin a la mayor plaga que surgió en el mundo.

Ahora conocen mi historia, la de un pobre gerente que vio morir a su país a merced de las plantas, solo quede yo en este lugar; las plantas cubrieron todo, reclamaron su tierra y transformaron ciudades y pueblos en gigantescos esqueletos de metal y madera.

Estoy solo y ya no hay comida, solo una papa morada que se sembró convenientemente en la entrada de la casa, no tengo más nada que comer, la picare y la freiré, unas sabrosas papas fritas para contemplar una ciudad abandonada.

BUEN PROVECHO…


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