Nada en la vida es lo que parece, a veces creemos conocer bien a las personas, teniendo en ellos la mejor o la peor impresión de acuerdo a situaciones o momentos fortuitos que pasan con ellos, por lo que más de uno se llevaría una gran sorpresa cuando las conoces mejor.
Este es el caso de Román Vicente, un muchacho que estudiaba en un liceo de gran prestigio en la ciudad, pues su familia era muy adinerada y siempre procuraba los mejores privilegios para su hijo, buscando su felicidad, aunque esta estuviese condicionada por el dinero y el buen nombre de su familia, la cual tenía un status muy alto entre las familias más prestigiosas de la ciudad.
Este muchacho era toda una joyita: consciente de su status, siempre buscaba chancear en el liceo con casi todas las muchachas, las cuales, ni cortas ni perezosas, caían ante la elocuencia del muchacho y los regalitos llamativos que les daba, honestamente era una situación común en este liceo, típico liceo con jóvenes ricachones con una moral muy dudosa y que no tenían absoluto pudor para comportarse de la manera que ellos quisieran.
Aunque dentro de esa fauna escolar habían dos muchachas, muy buenas amigas, que se diferenciaban radicalmente con esa situación imperante: Raquel y Marial Laura; la primera de clase media y la segunda de clase baja, aunque pudo entrar en ese colegio con el esfuerzo compartido de sus padres para que tuviera una educación de calidad. Estas muchachas veían con cierto repudio la inmoralidad que se mantenía en todo el liceo, aun cuando Raquel pertenecía a este estrato, jamás le gusto esta situación, por lo que rápidamente hizo amistad con María Laura, la cual compartía su visión del liceo; aunque había un pequeño detalle que Raquel compartía con el liceo: le llamaba la atención Román, a pesar de ser pretensioso y egocéntrico, había algo en él que la enamoraba y no sabía lo que era, María Laura siempre lo vio tan creído que jamás le prestó atención, por lo que veía el embobamiento que producía su amiga cuando Román pasaba frente a ellas como algo denigrante.
Aquí debo aclarar que Román no era ningún idiota, sabía muy bien que María Laura no le prestaba atención en absoluto, lo cual de una u otra manera le afectaba su ego, así que buscaba la manera de poder llamar su atención, estaba consciente que no la podría conquistar de la misma forma que a las otras muchachas, por lo que debía pensar bien cuál sería la táctica utilizada para lograr conquistarla. Decidió utilizar a su amiga Raquel, que sabía que podría manejar a su antojo, para conocerla y así manejar su aparente coraza emocional.
Claro que no fue fácil en primera instancia: debió llevar a Raquel a distintos lugares de la ciudad, ir de paseo por múltiples camineras y boulevares, invitarla a heladerías y restaurantes para ganar su “cariño”, aun cuando solamente al utilizaba para llegar a Raquel, el gasto que hacía en ella era hasta obsceno, aunque para él no significara mayor cosa que un gasto de rutina, pero en Raquel la ilusión se acrecentaba mas y mas cada día, por lo que tarde o temprano se le podría salir de las manos.
Finalmente pudo conocer, entre las últimas salidas, como era en realidad María Laura, aquello le pareció interesante, no solo porque por primera vez veía una muchacha humilde que no buscaba aparentar ser la mejor ni se encontraba atraída por cosas superficiales, sino que lo puso a reflexionar sobre la forma en la que siempre buscaba a las muchachas, que era algo tan fácil que en el fondo parecía más como el chico mimado que pasa por una tienda de juguetes y elije el que más le gusta, pero ahora por primera vez sentía que podía estar con una mujer de verdad.
A espaldas de Raquel comenzó a entablar conversación con María Laura, aprovechando que había días que, por razones de trabajo, Raquel tenía que retirarse mucho más temprano; en estas conversaciones María Laura siempre buscaba huirle y que al dejara en paz, sus convicciones eran fuertes y sabía que era toda una joyita en lo que a mujeres se refiere, sin embargo Román insistía cada vez más, llegando al punto de declinar completamente su dignidad solo para demostrarle que iba en serio con ella, no era solo el hecho de que fuera tan reticente, era que sentía que de verdad tenía una mujer al frente suyo y que se sentiría muy bien si aceptara estar a su lado.
Ella no tardo en notar que aquello se escapa de la percepción que tenia sobre él, se cuestionaba si de verdad se estaba enamorando de ella y, más importante, si ella comenzaba a gustarle, no sabía que estaba pasando, aquello era muy raro, no sabía cómo surgían esos sentimientos por alguien que en un principio veía como un banal sex appeal del liceo y ahora lo ve con ojos de amor, era imposible esconderlo y en su corazón se comenzaba a dibujar una historia juntos.
Su familia no estaba de acuerdo con ese amor que estaba naciendo hacia Román, conocían a la gente que vivía en el este de la ciudad, en varias oportunidades habían trabajado como vigilantes o amas de casa en los hogares de clase media y sabían que eran personas vanidosas, pretenciosas y egocéntricas que pretenden, a través de su alto poder adquisitivo, estar por encima de aquellos que no cuenta con dicho estatus, sabían que si esa relación seguía, su hija seria perjudicada por el muchacho en su familia, así que dejaron bien en claro que no estaban a favor de dicha relación y que debían dejarlo para que no sufriera en un futuro.
Aquello puso en jaque a María Laura ¿y si tenían razón? ¿Solo sería un capricho de un muchacho ricachón? ¿Cómo me tratarían sus padres? No quería estar en un ambiente tan tenso, lo comenzaba a amar, pero no quería tener un amor tan conflictivo, aunque sabía que había salido con Raquel y ambos estaban en la misma posición social, tal vez podía retomar esa relación, seguir saliendo con ella, no quería verla sufrir, a pesar de todo lo vivido con Román; aunque al mismo tiempo se debatía a si misma lo que sentía, por lo que la depresión y la tristeza la invadían rápidamente mientras buscaba una buena salida a esta situación.
Román y María Laura conversaron aquella situación, este le insistía que sus sospechas están infundadas por las situaciones que vivio su familia y que no debía dejarse llevar, pero ella le dijo que, aunque eso fuera cierto, jamás estarían tranquilos con sus padres reprochando la relación, prefería dejarlo todo así y que estuviera con Raquel, a pesar de que Román no quería esa situación, pero era lo único que podría arreglar ese nudo tan complicado.
Ya han pasado 3 meses, Roman y Raquel están juntos; aunque Roman estaba así era casi como un premio de consolación, sabia que su corazón, perdido entre las costras de los lujos, había aprendido a latir con Maria Laura, pero aquello era un amor separado por una sociedad que aun tenia las clases como estigma permanente, Roman creyó vivir para siempre como un picaflor, pero después de Maria Laura nada seria igual; y ella no sabia como reaccionar con todo esto, solo podía contemplar, desde una acera frente a una extensa urbanización, como entran la pareja incierta al mundo que los comprende, aunque pudo divisar la mirada lastimera de un muchacho que descubrió en la humildad algo diferente para su corazón, dejando de ser lo que fue, disfrutando efimeramente lo que era y llorando amargamente lo que será de ahora en adelante

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