Si existe algo que identifica al ser humano es el morbo que siente por aquello que resulta prohibido o peligroso, aunque sea desconocida la causa de ello, la curiosidad acecha en la psique de todos nosotros y nos sentimos movidos a probar aquello que se muestra como un peligro desconocido o un tabú depravado, aunque en muchos casos se hace valer ese dicho que reza que la curiosidad mato al gato.
Armando fue un ejemplo de esta situación, al conocerlo nos dábamos cuenta de que era todo un personaje: un muchacho de 17 años, bromista y egocéntrico, que siempre buscaba la forma de burlarse de la gente, ya sea con bromas pesadas que le fueron ganando el odio de muchos vecinos o contando hazañas exageradas a personas ingenuas que se tragaban tales disparates y alimentaban el ego petulante de aquel muchacho.
Un día, uno de los muchachos que siempre escuchaba sus historias trajo a la ceiba torcida en una descuidada plazoleta, siendo este el lugar donde Armando daba sus quijotescas historias, una caja marrón desgastada con el perfil de un dragón con aire agonizante decorando la tapa; al llegar al sitio Armando ya estaba contando una aventura en Arabia cuando peleo con lo sarracenos para obtener la mano de la hija del Marajá, aunque la historia fue interrumpida rápidamente por el niño que dejo caer violentamente el cajón en medio de los muchachos
-Raulito, que traes allí
-Es un juego viejo que encontré tirado en un cajón de mi abuelo- decía muy emocionado
-Jeje, mejor jugamos más tarde, déjame terminar con esto, pues verán cuando estaba a punto de morir logre…
-No no, tus historias pueden esperar, quisiera que vieras este juego, se ve interesante
-Aff, está bien
El muchacho levanto la tapa del juego y saco un curioso tablero de madera con los bordes desgastados y con una herrumbre como si se hubiese quemado, al centro se veía bastante simple: era como los juegos de entrada y salida con forma de rectángulo donde los cuadros eran de distintos colores, alternando los colores verde, rojo, lila, morado y negro, hasta completar el ciclo; además que las fichas eran 3 piedras de color negro y el dado era morado con puntos dorados, aunando a esto, habían unas cartas negras con un punto con los colores de los cuadros, así si caias en cada color debías levantar una tarjeta y cumplir con un reto escrito con letras blancas y delineadas.
-El juego es sencillo, el primero en dar la vuelta gana y se deben cumplir los retos de las tarjetas
-Qué tontería- decía Armando
-Vamos, juega con nosotros y luego te dejamos tranquilo
-Dios pero que niños, venga está bien
Comenzó Raúl, junto con otro muchacho y Armando, lanzo el dado y la ficha cayó en una casilla lila, tomo la tarjeta y decía que debía morder las uñas de sus meñiques; un reto algo extraño para un juego de mesa, pero igual acepto y siguieron el juego.
El muchacho, de nombre Carlos, lanzo el dado y cayó en una casilla morada, levanto la tarjeta y decía que debía agarrar un puñado de tierra y masticarla un rato; estuvo dudando si realizar el reto, pero al final acepto, Armando comenzaba a tener aprensión esos retos y estaba pensando que reto le tocaría hacer.
Llego su turno, lanzo los dados y cayó en una casilla negra, algo que le supuso traería un reto más álgido, levanto la tarjeta y, al leerla, la soltó rápidamente y su rostro cambio a una profunda consternación.
-¿Qué sucede?- pregunto Raúl
-La… la car… la cart… carta di- titubeaba muy asustado- dice que debo cortarme el dedo y comérmelo
-¿¡Qué?!
-No voy a hacer eso, esto es una locura
-Pero- decía Raúl sin salir de su impresión- la caja dice que si no cumples los retos, serás condenado a la lluvia de Lumos
-Vaya que miedo- decía mas tranquilo- cuidado y me disuelvo con la lluvia
-No creo que sea bueno tentar a este juego, por alguna extraña razón mi abuelo lo tenía en un cajón y estaba remachado
-Venga, es solo un juego, no hago el reto y sigamos
Así siguieron jugando, evitando los retos sórdidos y hasta morbosos, hasta que al final Raúl gano, dejando a Armando un poco indignado
-Yo mejor me voy, esto ya me parece aburrido
-Bueno, está bien, cuidado con la lluvia de Lumos
-Jejeje, tendré cuidado- dijo sarcásticamente
Fue a su casa, mientras observaba como los muchachos se alejaban a sus hogares, ya el gorgolio y el momentáneo susto de la nota criptica habían pasado y el lugar volvía a su calma habitual.
Cuando Armando llego a su casa no había nadie, eso le pareció extraño, pero pensó que a lo mejor sus padres estarían en una salida que recuerda que le habían avisado durante la mañana, por lo cual no presto mucha atención a esa situación. Se fue a su cuarto y encendió su computadora, esperando jugar un rato para después preparar algo para comer, ya el hambre le estaba pegando.
Mientras disfrutaba tranquilamente de la computadora, comenzó a sentir un intenso calor en todo el cuerpo, no era un calor normal, era como si de repente hubiese entrado en un horno y las llamas estuviesen a pocos metros de nosotros; rápidamente fue a las ventanas del cuarto para ventilarse y, aunque afuera estaba comenzando a percibirse el frio típico de la noche, su calor nos e disipaba en lo más mínimo; no sabía qué hacer, el calor comenzaba a desesperarlo y debía buscar la manera de refrescarse, fue entonces cuando decidió darse una ducha
Fue al baño, se desnudo rápidamente, despegando con ligera dificultad la ropa sudada de su propio cuerpo y se metió en la regadora, abriéndola y asegurándose que saliera completamente fría, buscando de cualquier forma disipar tan extraño calor.
Por un momento parecía funcionar, se estaba refrescando y se comenzaba a sentir mejor, de un calor que parecía que pudiera enloquecerlo hasta el punto de sentir que se le iba a derretir el cerebro en aquella ofuscación.
Continuo bañándose también para sacar toda la suciedad del día recorrido, al mismo tiempo que buscaba cantar un rato alguna canción que le gustaba. De un momento a otro, sintió que la puerta corrediza que separa la ducha del resto del baño no se podía abrir, al mismo tiempo que se daba cuenta que no podía cerrar el agua de la regadera, lo cual reavivaba el temor sentido por el extraño calorón.
-Así que no quisiste ofrecer un dedo, que miserable eres
Sintió un fuerte escalofrió y un susto que casi hizo que cayera al piso al escuchar una voz profunda y ronca que pareció venir de la nada, mientras sentía como el agua de la regadera comenzaba a subir la temperatura
-Si querías jugar con mi tablero, debías acatar las reglas, decidiste desobedecer eso, ahora veras la luz que otorgo a los que burlan al juego, tendrás una lluvia de Luz
El muchacho se comenzó a desesperar, golpeaba la puerta corrediza sin éxito en poder derribar, además que comenzaba a sentir el escozor del agua que cada vez se hacía mas y mas caliente, era como estar en una enorme olla de sancocho, donde su piel le daría el gusto definitivo.
-Por favor detente, prometo no volver a desobedecer al juego
-Es muy tarde ya, tu destino esta sellado, Lumos es mi nombre y la luz es otorgada a todos por igual, ahora déjame mostrarte MI LUZZZZZ
Acto seguido, de la regadera dejo de salir agua y temblaba violentamente, como si cargara una presión muy fuerte, el muchacho seguía golpeando la puerta hasta que sus nudillos comenzaron a sangrar por los golpes, ya no sabía que hacer, solo observaba la regadera, que ahora comenzaba a salir un vapor muy extraño, hasta que de un momento a otro la regadera se reventó y comenzó a salir lava ardiendo de forma violenta
-DISFRUTA LA LUZZZZZZZZZ JAJAJJAJAJAJAJJAJA
Queda de mas decir que la lava lo alcanzo rápidamente, su piel se derritió lenta y desesperadamente, por lo que mientras agonizaba pudo observar cómo, mientras se carcomía su piel, como quedaba al descubierto sus órganos internos mientras gritaba de forma desesperada al ver como se volvía un amasijo de carne ante aquella horrible situación. La regadera se lleno completamente, por lo que del muchacho solo los huesos carbonizados quedo, fue lo único que sus padres encontró al llegar a su casa y ver con horror aquel escenario en su baño
Tal vez un dedo hubiese sido un precio menos pernicioso para el pobre Armando.

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