El encierro es una situación muy inquietante, ya que al sentirse encerrado, atrapado, sin poder escapar de un sitio en especifico, sea relativamente grande o pequeño, produce una ansiedad, una sensación de ahogo al percibir nuestro entorno de una manera reducida, como si fuéramos a estar atrapados para siempre.
Pero ¿Que pasaría cuando el encierro o la sensación en si son encontrados en la cotidianidad?
Allí la situación es peor porque al ser un miedo cotidiano, lentamente carcome nuestra cordura, llevando a la locura cuando alguien lleva el miedo al encierro demasiado lejos
Este es el caso de Milena, una muchacha de 20 años que tenía una curiosa maña: evitar los lugares con poco espacio. Apartando ese detalle, era una muchacha alegre, simpática y con una euforia explosiva a la hora de disfrutar la vida.
Pero cuando la malvada providencia la hacía pasar por situaciones en las que su espacio vital se vuelve incluso milimétrico; la ansiedad y el nerviosismo se apoderan de ella.
Por ello evitaba las horas pico en el metro; al tener que usar un ascensor se aseguraba que estuviese vacio y cuando pasaba por un camino estrecho lo hacía corriendo para evitar que la gente que por allí pasa le cerrara el paso, creando un encierro agobiante.
Adaptar su vida a esta manía era muy difícil, ya que su entorno le obligaba a tener que hacer vida en sitios estrechos, ya fuera porque el metro fuera la única posibilidad de sortear el trajín caraqueño, o el ascensor se abarrotara de la nada cuando era imposible salir de eso. De cualquier modo eran situaciones que con ejercicios de respiración y autosugestión aprendida en las largas sesiones con su psicóloga personal que la ayudaba a palear esta fobia.
Es menester decir que la muchacha trabajaba en una agencia de eventos en la que cumplía el rol de recreadora, lo cual la mantenía continuamente ocupada y en espacios al aire libre donde se manejaba a gusto por la diversión que esto le surtía.
Los niños corrían de un lado a otro, divirtiéndose en cada actividad en la que Milena era la protagonista, ya que su carisma al animar era sencillamente único.
Pero un día no estaría sola en la faena de la animación
Esta vez contaría con la presencia de un mago muy talentoso que usaría a Milena como su asistente.
La actividad de aquel día seria en el Guaraira Repano, donde se llevaría a cabo un plan vacacional de los hijos de los trabajadores de una entidad bancaria.
Milena estaba emocionada, ya que era la primera vez que veía a un mago y ese día tendría el honor de asistir uno de sus actos.
El día transcurrió con total normalidad, cada acto era único, desde un simple pase de manos con unos naipes hasta aparecer palomas y conejos de gorros y pañuelos de papel.
Pero hubo un acto que se desmarcaría del resto, al menos para Milena, un truco que involucra un enorme cajón de plástico.
Resulta que el mago tenía un truco preparado especialmente para el final: el truco de las cuchillas, el cual consiste en meter a una persona en el cajón, cerrarlo con un candado y atravesar 3 cuchillos, para luego retirarlos y que la persona salga totalmente ilesa.
Milena lo último que le pasaba por la mente eran las filosas cuchillas, sino el cajón; el cual era completamente negro y medía 2 metros de alto por uno de ancho y profundidad.
Sudaba frio y el nerviosismo se apoderaba de ella, ya que, como era la asistente, tendría que estar en ese pequeño espacio.
Pero los niños veían con tanta expectación aquel acto que a duras penas acepto aquella situación, pero decidió cerrar los ojos para evitar presenciar dicho encierro.
Milena entro al cajón, cerró la caja con unos candados y cubrió el cajón con un manto morado, el mago va a proceder a meter las cuchillas; Milena estaba aterrada, lo cual lo subsanaba cerrando los ojos y tratando de imaginarse en otra situación.
Pero las cuchillas nunca llegaron a traspasar el cajón
En un curioso giro del destino, una rama de un árbol cercano cayó entre el mago y el cajón, lo cual hizo que el terreno a su alrededor cediera y, al no saber que detrás del cajón había una ladera muy alta, el cajón cae por dicha ladera, quedando a 30 metros del sitio.
Milena sintió una sensación de vacío en el estomago y un shock momentáneo mientras caía al vacio, al mismo tiempo que gritaba histéricamente hasta llegar al suelo.
El plan vacacional no sabía qué hacer y se planteaban muchas conjeturas: ¿Habrá muerto? ¿Que tan bajo cayo? ¿Habrá caído en un árbol? ¿Habrá animales allí? ¿Le habrán hecho algo?
Mientras tanto Milena sufría un verdadero infierno: encerrada en un cajón en medio de una encerrada sin saber hasta cuando estaría allí. Golpea desesperadamente la puerta queriendo salir, pero el candado era muy resistente, lo cual solo lograba que sus brazos y manos se llenaran de moretones y rayones, contando que la puerta presentaba un deterioro algo considerable, lo cual sin embargo no le restaba resistencia.
De un momento a otro le ataco la ansiedad: trataba desesperadamente de salir; golpeaba, pateaba, inclusive trataba de romper con sus propias manos la caja desde las rendijas en la parte de arriba que le brindaban el oxigeno y la certeza de saber si aun era de día o de noche, pero todo eso era inútil. De un momento a otro comenzó a alucinar de que aquel espacio lentamente se reducía, se sofocaba, no podía respirar; gritaba, se quejaba, golpeaba con frenesí, el cajón seguía cerrándose, la muchacha sudaba frio, las pupilas se dilataban cada vez más y la histeria de golpear aquel cajón con la esperanza fallida de que se abriera solo le causaba más golpes en su cuerpo
Finalmente su mente cedió y se desmayo.
No se sabe exactamente cuánto tiempo paso al momento de despertarse, pero ella sentía que fue mucho tiempo, porque ahora estaba cernida en la penumbra total. Su cuerpo estaba agobiado y su mente lo estaba aun mas, ya no se movía, ya no gritaba; solo sé que daba quieta, con una sumisión que de seguro seria perturbadora.
Tardaron 3 días en encontrar el cajón; pero les extrañaba el silencio en su interior, pensaban que tal vez había muerto en la caída.
Nada más alejado de la realidad
Rompieron el candado y abrieron el cajón, lo que encontraron dentro fue increíble: afortunadamente estaba viva, pero eso era lo único de lo que se podían alegrar ya que, en primer lugar, su cuerpo estaba curtido de heridas y golpes por el frenesí de escapar de allí, además que su rostro tenía una tranquilidad extraña, apartando sus ojos muy abiertos e inyectados de sangre y su pelo inexplicablemente alborotado, se podía decir que estaba normal, pero al tratar de hablar con ella, no reaccionaba, era como si estuviera vegetal; la sacaron cuidadosamente y logró estar de pie, al momento que se escucharon sus primeras palabras desde aquel suceso, dichas con una cadencia y paciencia que combinaba con una armonía macabra la tranquilidad y la locura
-Estoy...Fuera, No...Dentro, Estoy...Fuera, No...Dentro, Estoy...Fuera, No...Dentro, Estoy...Fuera, No...Dentro, Estoy...Fuera, No...Dentro
Tristemente esto era lo único que decía, aquel encuentro con su peor miedo trastorno de una manera infrahumana su cordura, haciendo sur recuperación casi imposible ya que, aunque logró salir de ese cajón, ahora vivía en otro encierro aun peor:
Estaba encerrada en su propia mente...

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