El ser humano por instinto teme o siente nerviosismo a lo desconocido, aquello que no comprende o que algún factor de cualquier índole hace desconocer esa situación o sus verdaderas intenciones.
En esta abstracción surge un miedo que puede ser familiar en la niñez, pero aun en la adultez esta fobia aun nos persigue a aquellos que nos ha tocado vivir hechos extraños: se trata de la penumbra invisible, aquel manto negro e incorpóreo que nos cubre una vez que la ultima lumbrera deja de existir, es conocida como oscuridad y la historia empieza así.
Romina era una muchacha de 17 años, alta, de piel blanca y pelo largo y castaño; risueña y encantadora, era muy talentosa en la universidad y en las artes. Solía pasar las tardes entre la música y los dibujos, son descuidar ni un segundo sus oficios cotidianos.
Tenía por costumbre hacer sus deberes hasta altas horas de la noche, ocupando la computadora mientras revisaba las redes sociales, por lo que era habitual que la última luz en apagarse sea la del monitor de la computadora.
Esta computadora estaba ubicada en una estancia de la casa que daba a un amplio corredor que daba al comedor y en el cual habían tres puertas; una a la izquierda que era el baño y dos a la derecha, que eran el cuarto de su abuela y el suyo respectivamente. Ese corredor quedaba totalmente oscuro, siendo levemente iluminado por la suave bruma luminosa de la luna que atraviesa una ventana cercana.
Romina estaba realizando una tarea muy importante, por lo que estaba internada en el monitor incluso siendo ya la medianoche.
En ese momento escucho un sonido muy extraño: era como si pequeños objetos de metal caen en espiral alrededor del corredor. La muchacha observaba mientras escuchaba repetidas veces el mismo sonido durante su faena nocturna, provocando que surgiera una paranoia mientras el sonido cesaba.
Llego un momento que el sonido ya no se escucho más, pero ahora de la nada aparecía una situación más inquietante: una figura humanoide se percibía cerca de la Cortina del cuarto de su abuela, el cual estaba a 4 metros de la computadora. Esta figura no se movía, pero Romina se sentía inquieta al percibir como con un sexto sentido se tratara que aquella aparición, aunque no era visible su rostro, sentía que la miraba con una insistencia insoportable.
Romina trataba de concentrarse en su tarea, evitando a toda costa "cruzar" su mirada con aquel ente, pero era inevitable sentir su mirada, la cual no estaba definida pero sabía que existía.
Pasaron 15 minutos y ella ya había olvidado levemente al ser y estaba concentrada en su actividad, pero por un movimiento del destino decidió voltear y allí estaba, pero ahora se resguardaba en la entrada de su cuarto, por lo que pudo percibir mejor su apariencia: era un muchacho, vestido con un suéter grisáceo y un pantalón negro y estaba descalzo. Su pelo estaba alborotado y su mirada aun era enigmática porque, a pesar de estar cerca del rango de iluminación del monitor de la computadora, el pelo largo y lo etéreo de la figura aun no se mostraba claramente su rostro.
Esta vez la muchacha sentía ansiedad, debido a la cercanía de tan perturbador personaje que se asemejaba a los "espectros" de las historias de miedo que tanto le entretenían en sus tiempos libres. Solo quería terminar sus tareas rápidamente y esperar con algún valor de la providencia que al voltear la cosa hubiese desaparecido.
Volteo con mucha cautela hacia la puerta de su cuarto esperando que no hubiese nadie; afortunadamente el lugar estaba vacío, lo cual tranquilizo un poco a la muchacha, sin abandonar la paranoia producida por las visiones que había tenido.
Seguía pacientemente realizando su tarea, olvidando casi por completo aquella situación, volteando ocasionalmente sin ver aquella figura, lo cual poco a poco la hizo sugestionarse que lo que había visto era producto del desvelo y el cansancio visual comenzaba a hacer añicos momentáneamente su percepción de la realidad.
Ya estaba culminando su tarea, eran aproximadamente las 12:45 am según el reloj de la computadora, cuando de repente Romina comenzó a sentir un leve pero escalofriante vaho respiratorio en su nuca, a lo cual volteo rápidamente y no vio a nadie. Esto se repitió varias veces y la muchacha terminó restándole importancia. Cuál no sería su sorpresa cuando aquella respiración se convertía en palabras roncas y con una cadencia que inspiraba depresión:
-I love the darkness, lady, coming for me
La muchacha, que dominaba bien el ingles, supo lo que aquellas palabras le querían decir; volteo con una lentitud en la que cada segundo parecía durar una hora. Cuando se volteo con una lentitud en la que cada segundo parecía una hora, vio el horror: era la figura, pero solo vio su rostro, nítido por su cercanía y el brillo intenso del monitor, era un rostro lúgubre y putrefacto, como un cadáver, con los labios morados, dientes amarillentos y carcomidos; un despojo de carne que alternaba los colores de la descomposición y unos ojos hundidos con un brillo tan inquietante que parecía lo único vivo de aquel ser.
Romina cayó al piso, dio un grito desgarrador y corrió a su cuarto, sin voltear si quiera a ver aquel espectro, el cual no avanzaba por la luz de su cuarto.
Al día siguiente, la muchacha estaba aun muy aterrada por aquella visión y sabia por lo que dijo que tarde o temprano vendría por ella, aunque al percatarse que solo avanzaba en la oscuridad, ella procuro no volver a quedarse hasta tarde en el computador y al acostarse buscaba que el televisor estuviese encendido
Pobre ilusa, puede que pueda encender todas las luces que quiera, pero abra un lugar donde esas luces jamás llegaran:
La oscuridad dentro de ti...

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