sábado, 6 de agosto de 2016

Las Estaciones de la vida (Parte 1)

1) Las hojas caen en Otoño

La alegría es un estado muy curioso, dura menos de lo que uno tarda en encontrarlo, por lo que los escasos momentos en que uno lo posee, debe atesorarlo; pero existe gente que, aun teniendo la alegría en sus narices, no son capaces de disfrutarla, por lo que cuando se alejan de ella, se arrepienten profundamente, siendo ya muy tarde para rectificar o acomodar algo.

Román es el vivo caso de ello, al conciliar una banalidad del camino, algo que duraría muy poco; a costa de la relación “estable” en la que se encontraba: tenía una muchacha, llamada Alexandra, la cual lo amaba mucho y lo tenía como un hombre atento, amable y cariñoso, tomando en cuenta que en sus múltiples encuentros y salidas era muy agradable su presencia y le transmitía una calidez incomparable, por lo que vivía en una especie de burbuja emocional donde su rostro era bañado en mármol y colocado en un pedestal de marfil en su mente, una conducta irreprochable y un amor incomparable eran su divisa mientras cruzaba sus pensamientos

Pobre y triste ingenua…

Hay que reconocer una cosa, el muchacho en el fondo si cumplía las características que su enamorada novia idealizaba, pero lamentablemente sus amigos eran una antítesis de su moral, por lo que siempre le daban consejos contra lo que creía, lo que pensaba y, de manera más directa, en lo que quería. Sus amigos y amigas en el fondo eran consumidos por la envidia: la pareja era de una querencia increíble, muy duradera y estable, cosa que en sus círculos era menospreciado o sencillamente nulo, por lo que siempre querían sembrar una semilla que lograra reventar la espiga que se había entrelazado hace ya mucho tiempo.

Decidieron atacar a Román en su punto más débil: su orgullo; muy a pesar de sus valores, Román era un muchacho muy cerrado en sus visiones y siempre quería tener la razón, cosa que originaba ciertas peleas en su relación, pero siempre Alexandra lograba calmar esa actitud y no dejaba que pasara de un simple disgusto. Resulta que, mientras conversaban entre ellos, saltaban discusiones sobre que en muchos casos uno nunca termina de conocer a la persona que tienen a su lado, por lo que bajar la guardia era muy peligroso; Román al principio no prestaba mucha atención a estos comentarios, pero mientras reflexionaba en soledad, pensaba en situaciones muy extrañas, como las veces que Alexandra se quedaba pensativa sin razón aparente o las continuas negativas que le había recibido cuando le pedía salir, o también lo mucho que se tardaba en contestar mensajes; en ese momento su mente volaba y la semilla de la duda había sido plantada, lo cual traería consecuencias muy pronto.

En una salida ocasional que tuvieron Román y Ale a ver una película, Román sentía como su mente gravitaba ante tantas dudas que le surgían por sus apresuradas conclusiones, se la paso casi toda la salida formando fantasmas de los celajes que le dieron sus “amigos”, aun cuando estos no existieran.

Llegó un momento en que Alex percibió ese tempano que había entre ellos y decidió acabar con la duda:

-Que te pasa, Ron, te he notado, muy extraño en eta salida, ha pasado algo?

-Yo, eh… este… no nada, tal vez lo estés imaginando

-No te creo, siempre eres muy cordial y cariñoso, hoy te siento como si no estuvieses aquí

-Solo son idea tuyas

-Para nada, te conozco muy bien

-¡Vaya, me conoces! Ojala pudiera decir lo mismo de ti

-Pero Ron, ¿De qué estás hablando?

-Somos novios y deberíamos conocernos bien, pero hay momentos en los que te desconozco, que hay cosas que no sé muy bien de ti

-Eso no es verdad, jamás te he ocultado nada

-Entonces, ¿Por qué en las últimas semanas yo te he invitado a salir y tú sencillamente te niegas?

-He estado ocupada, las tareas y la casa a veces me agobian, como hoy vi este espacio pude salir contigo

-O sea, como quien dice, me dejas las migajas de tu tiempo

-Si eres exagerado

-Exagerado no, es la verdad, mientras a tus amigos le dedicas más tiempo yo quedo rezagado

-Yo tengo vida propia y no puedo gravitar solo en ti todo el tiempo, a veces uno necesita tiempo a solas o con amigos, además cuando tus amigos te invitan a una fiesta o a jugar beisbol en el Parque Miranda no te digo nada, en verdad no entiendo tu punto.

-Lo que digo es que no te conozco tan bien como quisiera, como saber si de verdad te quedas a hacer tareas en tu casa

-O sea que no confías en mi, que te pasa Román, no pareces tu mismo

-Tal vez tú tampoco me conocías tan bien como dices

-Deja de actuar como un inmaduro, de verdad no entiendo porque asumiste esa actitud, tú no eres así, venga cielo no pelees por tonterías, te estás creando cosas en la mente que no existen.

-Yo… eh… mejor nos vamos, ya se está haciendo tarde y no quiero que te pase algo en el camino

-Pero dime ¿por qué te pusiste así?

-Son cosas que uno piensa, sabes, cosas que a veces a uno no le cuadran

-Jamás te he dado razones para desconfiar de mí, no entiendo porque asumes esa posición

-Olvídalo, mejor vámonos

-Bueno… está bien, si eres tonto, no tienes que ponerte así, sabes que te amo y te lo he demostrado,

-Vale… lo sé… yo también te quiero

Después se fueron cada quien a su casa y, a pesar de que Román estaba más tranquilo, la semilla aun no había desaparecido; es más, seguía echando raíces en su mente, con las dudas que sus amigos vertían como agua pestilente en su psique


Claro que todo esto tenía una razón

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