Los últimos días no dormía bien, no sabía si era el uso convulsivo de la computadora o los múltiples problemas que envuelven mi entorno familiar, pero el sueño era casi imposible. Agradecía en ciertos momentos la presencia de mi perro de mascota, Argos, que me tranquilizaba en las noches. En una de ellas que el insomnio me estaba haciendo añicos sentí la presencia de mi querida mascota, aun en la oscuridad, acercaba su cabeza a mi mano, la acariciaba y dormí más tranquilo. A la mañana siguiente me sorprendí al no ver a Argos por ningún lado, pensé que se había levantado más temprano y buscaba comida, vi a mi madre y le pregunte por el perro y me dijo, con marcada preocupación, que llevaba 3 días desaparecido y que no se tiene noticia de él. Un escalofrió intenso recorrió mi espalda, no solo por la incertidumbre de no saber donde esta mi mascota, sino saber que estuvo conmigo aquella noche.
Como ustedes comprenderán, dormí con las puertas cerradas y muy acurrucado en mi cama, aunque ciertos días escuche perplejo ruidos de uñas rasgando la puerta del cuarto y un sonido extraño parecido a un graznido ronco...

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