viernes, 18 de marzo de 2016

Cuando miras por el embudo


Corría la tarde en una plaza de Caracas, Ronald, un chico de 14 años que caminaba por esos lados junto con su familia tenía un carácter muy particular: era egocéntrico y autoritario; un chiquillo con complejo de Napoleón dirían los culturetos de psicología, con su debido respeto. 

Debemos saber que este muchacho no era conformista en lo absoluto, siempre deseaba tener más, siempre deseaba lo mejor; demostrando gran astucia a la hora de conseguir cualquier cosa

Ciertamente era un muchacho aplicado y con gran respeto a su familia, pero su avaricia era un estigma que minimizaba cualquier valor que su corazón pudiera expresar. 

-Este año he tenido un buen desempeño en clase- decía Ronald a su madre con aire inocente- no estaría de más unos audífonos y unos controles nuevos de PlayStation como recompensa por un buen trabajo

La madre, de gran corazón pero muy sumisa a los caprichos de su hijo, lo complacía en casi todo, buscando la felicidad en los regalos cuantiosos a su hijo

Claro que esta historia no estaría completa sin su hermano

Peter era su nombre, un risueño niño de 7 años que lo acompañaba en su salida por el centro de la capital. A diferencia de su hermano, era mucho más humilde y casi no reclamaba algún regalo en particular o pedía en la calle alguna chuchería; sin embargo su madre lo complacía también, viendo lo tranquilo y apacible que era en contraposición con Ronald

Esto ponía iracundo a Ronald, que sentía; aunque fuera un completo disparate, que su hermanito era más recompensado que él, por lo que siempre lo veía con recelo.

Un día que estaban en su casa, la madre llego del trabajo con unos helados para sus hijo; dos barquillas, una para Ronald y otra para Peter; pero mientras degustaban los gélidos postres, Ronald en su orgullo decidió quitarle el helado a su hermano, a lo que respondió con un llanto pronunciado. La madre lo reprendió y le pidió que le devolviera su helado, a lo cual Ronald decidió tirar el helado al piso y correr a su cuarto; dejando a una madre con cara de desolación y a un hermano llorando por no haber probado el delicioso postre. 

Mientras Ronald seguía degustando el helado en su cuarto como si nada hubiese pasado, comenzó a sentir un frió muy extraño y escucho el sonido de algo de plástico que cae al piso con fuerza, reviso detrás de su cama y encontró un enorme embudo dorado que desprendía un aura muy penetrante, como si aquel objeto tuviera vida. 

Ronald lo agarro y lo vio con mucho cuidado, encontrando que en el lado angosto había una gema brillante, algo así como un diamante pero de un tono rojizo. Ronald trato de agarrarlo, pero entonces algo extraño sucedió: Ronald comenzó a dar vueltas sobre sí mismo mientras una extraña fuerza sobrenatural lo suspendió en el aire y se sintió succionado por el embudo, sintiéndose estirado como si fuera una tira de chicle. 

Ronald despertó y miro a su alrededor y noto inmediatamente que algo no estaba bien, por supuesto que nada estaba bien ¡Solo medía 15 centímetros!

Pero esto solo sería el comienzo de algo que por primera vez lo sobrepasa al mismo

A partir de aquí la situación toma un giro extraño, cayendo en lo surrealista

Ronald ahora parecía un juguete, solo medía 15 centímetros y estaba parado encima de su cama, aun desorientado por esta extraña situación

-Pero que es esto?, parezco una lagartija por este tamaño, como ocurrió, que haré, Dios mío que haré 

A partir de eso solo balbuceaba cosas sin sentido, en una combinación amorfa de miedo y desesperación tanto interna como externamente por todo lo ocurrido.

De repente entra su hermanito al cuarto y, al no poder observarlo, se acerca al closet del cuarto, ya que ahí estaban los viejos juguetes de su hermano

-Peter, PETERRRRR- gritaba desesperado el muchacho acercándose al borde de la cama

Pero su reducido tamaño hacia casi imposible que su hermano pudiera escucharlo, por lo que seguía impasible revisando el armario, sacando un robot de juguete de esos que le pulsabas un botón y comenzaba a gritar Fire Fire y lanzar luces de colores por todo su cuerpo

-Suelta eso, es mío, suéltalo- decía el muchacho en la cama bastante alterado

Como predica en el desierto, nada de lo que decía era escuchado, dejando que el niño fuera a su habitación con el juguete mientras Ronald, aun encogido, saltaba de rabia y termino cayendo al piso, aterrizando encima de una de sus medias, viéndose asustado ante la inmensidad de su cuarto

-No es divertido verse tan pequeño en el mundo verdad

Ronald levanto rápidamente la mirada y observo muy asustado una enorme figura con una capucha gris desgastada que le cubría completamente, sujetando un embudo gigante en una mano y una cinta métrica en la otra, observándolo con unos ojos hundidos y oscurecidos por una vejez marcada en su rostro y las sombras que la capucha dibujaba en su tez

-Qui.. quie... quien eres?
-Vaya, es cierto, donde están mis modales, permíteme presentarme, soy el ángel del embudo y vengo por ti
-Ángel del embudo? con esa capa y ese cono pareces la muerte con un orinal portátil 
-Pobre muchacho- decía este ser sin inmutarse- aun no vez la magnitud de lo que está pasando, esto es por tu culpa y solo tuya 
-De que hablas?- decía el muchacho aun petrificado de miedo- acaso elegí ser como un muñequito de juguete? 
-Que pobre de mente- decía casi con tono sarcástico- vivías como si todo girara alrededor tuyo, buscando atención donde quiera que vas y ser siempre el centro de todo a tu alrededor, siendo tu posición la mas privilegiada, mi embudo solo hizo lo justo, ponerte en donde mereces 
-Tu embudo? 
-No has escuchado la ley del embudo- comenzó el espectro con tono pedagógico- existen personas que viven en la parte ancha, queriendo tener mucho o lo mejor en todo, ahora conocerás lo que es estar en la parte angosta, saber lo que es las cosas a tu... medida 
-Revierte esto, no merezco este martirio 
-Ya es tarde, lo que cruza el embudo, jamás sale de su efecto, ahora vendrás conmigo. 

Apenas dijo esto, el ente se agacho y sujeto al muchacho entre sus gélidos y demacrados dedos.

-Sueltameeeee- grito Ronald con gran desesperación
-Ahora sabrás lo que es pasar de tener mucho a no tener nada

Ronald comenzó a percatarse que su cuerpo le sucedía algo raro: se desintegraba lentamente, como si su cuerpo estuviera hecho de arena y soplaran lentamente sobre ella

-Veremos que tan grande te sientes ahora

Justo cuando estaba ya hecho polvo, Ronald despertó súbitamente, quedando con una gran marca por todo lo sucedido.



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